Huelva, Jueves 27 de septiembre.
Diego Fortuny Arqueólogo y Antropólogo licenciado por la universidad de Barcelona, a sus treinta y seis años contaba con una enorme reputación en cuanto a sus conocimientos de las culturas Tartesia y Sumeria ya que se había dedicado a ellas los últimos 5 años, lo que le costó su matrimonio, aun que de este le quedaban sus dos hijos, la parejita perfecta como él les llamaba.
Acababa de llegar al aeropuerto de Sevilla a las 12,30 del medio día, al salir por la puerta de llegadas se dio cuenta de que ya le estaban esperando, entre la gente que se aglutinaba a la espera de que saliera esa cara conocida, o no. A la que besar, o no.
Vio una cartulina con su nombre, el cartelito era fácilmente visible, no así la persona que lo sostenía en alto, ya que esta no contaba con la envergadura de las “jirafabuos” que tenia delante y que erguían sus cuellos moviendo la cabeza de un lado a otro cual aves nocturnas impidiendo toda visión desde la parte trasera de la aglomeración y haciendo inútil los saltos del personal que se impacientaba a sus espaldas.
Diego se acerco al hombre del cartelito abriéndose camino entre la gente.
- ¡buenos días, soy Diego Fortuny!
- ¡buenos días señor Fortuny encantado de conocerle, me llamo Jesús de la Rosa, soy profesor de química en la universidad de Huelva!
De la rosa era un hombre de baja estatura tenia los ojos negros y pequeños, el pelo cano y mal repartido, igual que la división de su cuerpo, ya que la parte derecha era notablemente más pequeña que la izquierda, eso le provocaba una tenue cojera que sin embargo no le impedía en absoluto moverse con suma agilidad y esto sumado a su carácter nervioso, casi rallando la esquizofrenia lo convertía en un personaje que lindaba la comicidad, pero donde más se notaba la diferencia era en sus manos, cuando Diego le saludó y cogió su extremidad entre sus dedos, percibió la diferencia, le pareció que saludaba a un niño de 10 años
-¡Un placer señor De la Rosa!
-¿Me permite? Le dijo De la Rosa a Diego mientras le ofrecía su mano para ayudarle con su equipaje.
-¡Gracias! Le respondió diego mientras se quejaba del calor sofocante de Sevilla y se quitaba su americana.
- Ahora entiendo porque va usted en manga corta, espero que no tenga el coche demasiado lejos, el ambiente quema.- señaló Diego
- ¡Ja!- A De la Rosa se le escapó una pequeña algazara de esas apagadas. -No se preocupe esta cerca y además tiene aire acondicionado, el trayecto asta Huelva no se le hará demasiado largo.
Tras cruzar la zona de taxis y descarga de equipaje e introducir la tarjeta del parquing en la maquina para pagar, se dirigieron a un honda acord del 98 plateado, bastante bien conservado.
- ¡Maldito mando se está quedando sin pilas y no hay manera de que abra el coche!- Se quejó De la Rosa mientras introducía la llave en la cerradura de la puerta del maletero.
–Traiga su equipaje señor Fortuny.- De la Rosa introdujo la maleta que el llevaba y el maletín que le acababa de dar Diego y cerró el maletero.
Durante el viaje hacia la universidad de Huelva Diego y De La Rosa hablaron sobre el contenido de la conferencia que tenía al día siguiente sobre los Tartessos y los Sumerios, Diego creía que el principio de la civilización en Europa se encontraba ubicado en la zona que hoy componen, Huelva, Sevilla y Cádiz.
- En la antigüedad el mar Mediterráneo no estaba conectado con el océano Atlántico, los geólogos aseguran que hace aproximadamente unos cinco millones y medio de años la orogénesis alpina cerró el estrecho por el este, dejando al oeste un enorme golfo, constituido por la depresión del Guadalquivir, que se fue rellenando con los sedimentos procedentes de su cuenca y que cuyo proceso continua aún hoy en día en Doñana. “Poco” después hace aproximadamente unos cuatro millones y medio de años se cerró también el estrecho por su parte Africana dejando el mar Mediterráneo convertido en un enorme lago de agua salada y sin conexión con el Atlántico, durante los próximos cuatro millones y medio de años el Mediterráneo se fue evaporando a más velocidad de la que las lluvias y los ríos introducían agua en el, con lo que su nivel quedó a más de sesenta metros por debajo del océano Atlántico, y hace apenas siete mil quinientos años el estrecho se abrió de nuevo, haciendo aumentar de repente la altura del mar Mediterráneo en casi sesenta metros. Como demuestra el hecho de que existe un homogéneo nivel de sedimentación situado a sesenta metros bajo el nivel del mar de origen exclusivamente marino y los sedimentos que se encuentran por encima de este nivel y que son anteriores al 5.500 a.c. muestran una procedencia seca con restos de raíces y vegetación terrestre.
-
Explicaba Diego a De La Rosa con gran entusiasmo.
- Increíble ¿y que produjo que cediera el estrecho la presión del océano? –preguntó De La Rosa.
- Un Tsunami.
- ¿Cómo que un tsunami?
- Si, un tsunami provocado por un terremoto o mejor dicho un maremoto semejante al que en 1755 a 300km. Del cabo de San Vicente destruyó la costa sur de Portugal, Huelva y Cádiz, el famoso terremoto de Lisboa.
- ¿Y dice que hay pruebas científicas? es increíble.
- No solo científicas si no que también en leyendas, mitología y en los relatos bíblicos.
- ¿Cómo, que la biblia habla de esa catástrofe?
- Por supuesto, los relatos Sumerios, Asirios y Babilónicos.
Diego prosiguió explicando su teoría.
- A mediados del siglo XIX, se iniciaron las excavaciones en Nínive, en las que se hallaron más de 25.000 tablillas de arcilla que fueron enviadas al Museo de Londres, pero durante su traslado se rompieron y mezclaron, con lo que descifrarlas parecía poco menos que imposible ya que el lenguaje asirio-babilónico en el que estaban escritas fue descifrado algunos años después. La solución la encontró un diseñador de billetes que se llamaba Georges Smith. Se había logrado extraer de Nínive la grandiosa biblioteca del rey de Babilonia Assurbanipal, que vivió en el siglo VII a.C. entre lo hallado se encontraba la tablilla XI de 326 líneas, de las cuales más de 200 Hablan del diluvio.
- ¿Entonces estás comparando esa catástrofe con el diluvio universal?
- Claro que si, en esa tablilla encontramos el relato de Gilgamés:
- Uta-Napishtim cuenta a Gilgamés que los dioses Anu, Enil, su consejero Ninurta, el inspector de canales Ea y el oficial Ennugi deciden exterminar al genero humano, pero ven virtuoso a Uta-Napishtim, a quien ordenan construir una nave de dimensiones proporcionadas que tuviese la misma altura que anchura y que metiese dentro “semilla de toda vida existente”.
- Es igual que lo que dice la biblia.
- Y no solo la biblia, ya que posteriormente continuaron apareciendo tablillas en Assur, Uruk, Nippur, Sipar y Ur, todas coinciden en el relato de Uta-Napishtim, aun que cambia el nombre de los personajes, que se llaman Atrahasis y Ziusudra.
De todos los relatos hay uno encontrado en Hilprecht, es un texto babilónico que se remonta al segundo milenio anterior a nuestra era, el más antiguo que se conoce, es el original sumerio que dio origen a esta copia guardada en la biblioteca del rey Assurbanipal, pero ese se merece una explicación más extensa.
- ¿y donde más se habla de ello?
- En Asia en el Vishnu Purana, el Shatapatha brahmana cuenta como a Manú, un pez agradecido por las caricias dispensadas por el, le avisa que se avecina un gran diluvio que acabara con la vida en el planeta. En América el diluvio del dios viracocha, en china el un-wah. Los sumerios, babilónicos acadios y en la biblia coinciden en que el arca llegó al monte Ararat, los Griegos en el monte Parnaso, los indios norteamericanos en el monte Keddi Peak, los indus en el Himalaya.
- Bueno pero que tiene que ver eso con el estrecho y el mar Mediterráneo.
- Pues mucho, todo hace creer que el primer relato sobre un diluvio fue de origen sumerio y que por lo tanto tuvo que acontecer unos 5.000 años antes de Cristo, la civilización sumeria estaba ubicada entre los ríos Tigris y Eufrates en el actual sur de Irak y el golfo pérsico por lo que quedaron al margen de la inundación del mar Mediterráneo, el mar Báltico y el mar Negro que entonces era un gran lago de agua dulce, los geólogos han descubierto en los depósitos sedimentarios de todo estos mares cantidades de fósiles entre los que se encuentran restos humanos, animales, plantas, asentamientos y utensilios, incluso fósiles de insectos en los que no hay huellas de desintegración, lo que habla de una muerte súbita y de un enterramiento casi instantáneo, hecho ocasionado por una gran subida repentina del agua, como una gran ola, seguida de un asentamiento de todas las partículas en flotación.
- ¿y qué relación tiene este acontecimiento con dos civilizaciones tan alejadas una de la otra como son los sumerios y los tartessos? Preguntó De La Rosa.
- Los sumerios fueron los primeros que hablaron sobre ese acontecimiento hace aproximadamente unos 6.000 años antes de Cristo y los tartesios es la primera civilización establecida en esa zona de la que se tiene constancia, aun que no sean los primeros asentamientos humanos si se cree que es la primera civilización.
- Entonces la sorpresa que le tiene preparada el profesor Silgado le encantará.
- ¿Sorpresa, que sorpresa? ¿De qué se trata?
- Solo le diré que es un objeto que se encontró hace unos días en el parque Nacional de Doñana.
- ¿A que cultura pertenece, Tartessos?
- No lo sabemos, de ahí que el profesor tenga tantas ganas de consultarlo con usted antes de darlo a conocer públicamente.
- ¿Y de que se trata? Diego no podía contener la emoción, y no dejaba de preguntarse ¿qué objeto podría ser tan interesante como para que un rector de universidad quisiera hablar con él, antes de dar a conocer la noticia?
- Es difícil de explicar pero a mí me parece un Ben-ben¹.
- ¿Cómo? ¿Un Ben-ben egipcio?
- No exactamente, los símbolos que aparecen grabados en su superficie no parecen Egipcios.
- ¿No lo entiendo? No tenemos constancia de que otra cultura de esta zona venerase al Ben-ben, como la egipcia.
- ¿Está usted seguro? -Replicó De La Rosa.
- ¿ha no ser que..? -Se sorprendió Diego.
A De la Rosa se le escapó una sonrisa picara que dejó entrever que lo que estaba imaginándose Diego era cierto.
En ese momento entraron en la ciudad de Huelva por la avenida de las fuerzas armadas. Enseguida llegaron a la Universidad de Huelva, De La Rosa después de aparcar el coche se dirigió a Diego.
- Deje su equipaje en el coche, luego le llevaré a su hotel, pero primero entremos a saludar al profesor Silgado, y de paso ve el objeto del que le he hablado.
1- El Ben-ben es un objeto piramidal de piedra, que las culturas antiguas veneraban.
- Estoy impaciente por conocer al profesor y por ver ese objeto, señor De la Rosa.
- Y yo de oír su opinión.
Una vez dentro del edificio principal de la universidad se dirigieron al despacho del profesor Silgado, mientras caminaban por los pasillos del pabellón principal se encontraron con Rocío, la secretaria de Silgado.
- Buenas tardes Rocío, ¿está el Profesor en su despacho? -Consultó De la Rosa
- Si, desde que llegó esta mañana no ha salido, les está esperando para ir a comer. -Contestó.
- ¿Y usted, se apunta? -Volvió a preguntarle.
- ¡no! Gracias profesor ya he almorzado.
- ¡Oh! Perdonen no les he presentado, - dijo mientras se dirigía a Diego- señor Fortuny ella es Rocío la jefa de secretaría de nuestra universidad, Rocío el señor Fortuny.
- Encantado Rocío.
- El placer es mío Profesor.
- Bueno, nos tenemos que ir que el tiempo apremia, luego nos vemos. -Se despidió De la Rosa.
- Adiós De la rosa, adiós Profesor.
- Asta luego Rocío. -Dijo Diego.
Tras despedirse se dirigieron al despacho del rector, al llegar ante la puerta De la Rosa llamó, pero no contestó nadie.
- ¿Qué raro, a lo mejor está tomándose un café? Espere un momento voy por la llave de su despacho. -Dijo De la Rosa mientras abría la puerta que se encontraba justo delante de la del rector.
Mientras De la Rosa se encontraba en el interior de su despacho, diego oyó un golpe seco y el ruido de cristales rotos que procedían del interior de la habitación cerrada, tras el primer sobresalto Diego intentó de nuevo abrir la puerta sin éxito.
- ¿Profesor se encuentra usted ahí? ¿Oiga?
- ¿Qué pasa? -Preguntó De la Rosa mientras salía de su despacho.
- No lo sé, acabo de oír un ruido en el interior, pero no contesta nadie.
Jesús se apresuró a abrir, tras conseguirlo se encontraron el cuarto destrozado, estaba todo tirado por el suelo, papeles, estanterías, libros, cuadros, cajones abiertos, incluso el profesor estaba tumbado junto a la ventana, tenía la mano izquierda en su nuca presionando el golpe que había recibido y por el cual acaeció unos instantes inconsciente en el suelo mientras desbalijaban su despacho, la herida que aún sangraba un poco, no era profunda, pero el golpe recibido le producía un terrible dolor de cabeza y había manchado de sangre su camisa.
Silgado no era un hombre robusto mas bien de mediana estatura con una alopecia acusada, el se jactaba de decir que no era calvo si no que su cara le llegaba a la nuca, llevaba unas gafas de pequeño tamaño por las que solía ojear por encima de ellas, tenía la fisonomía de un perfecto intelectual.
- ¡Dios mío Profesor! De la Rosa saltó sobre el desorden y abriéndose camino a patadas contra todo lo que le estorbaba en su camino, llegó hasta el decano.- ¿Se encuentra usted bien? ¿Está mal herido?
- No se preocupe, estoy algo aturdido y con un tremendo dolor de cabeza, pero me encuentro bien, y lo otro, también, ¡Ten, Jesús!- dijo el Decano con una voz entrecortada mientras entregaba su medalla a De la Rosa.
Pedro cogió el colgante que el Decano se había descolgado del cuello y que tenía una forma de cruz muy extraña se parecía a la de Caravaca pero la longitud de sus brazos no correspondía con las cruces normales.
- Señor Fortuny, por favor atienda al profesor. -Consideró De la Rosa.
- Tranquilo Jesús me encuentro bien. -Respondió el Decano al tiempo que intentaba incorporarse.
- Permítame que le ayude Profesor Silgado. –se apresuró a decir Diego.
- ¡Gracias! Y perdone por la forma en que nos hemos conocido.
- No se preocupe por mí, en estos momentos lo importante es que a usted no le haya pasado nada grave. – agradeció Diego.
Mientras Diego atendía al Decano, Jesús se dirigió a unos enchufes que había en la pared justo detrás del escritorio del profesor Silgado, tras ejercer una pequeña presión estos se abrieron como la guantera de un automóvil dejando al descubierto una cerradura y un sistema numérico de apertura de caja fuerte similar al teclado de un teléfono, introdujo la llave, que no era otra cosa que la medalla que le acababa de dar el profesor, giro dos veces y tecleó un numero, justo a su lado diestro y bajo la ventana se encontraba un radiador que se desplazó hacia su derecha dejando al descubierto un compartimento en el que se encontraba una caja, que Pedro se encargó de sacar de su interior con sumo cuidado.
- Mire Señor Fortuny este es el objeto que se encontró en Doñana hace apenas unos días.
- Jesús será mejor que no lo saques de la caja, que lo recojamos todo y nos marchemos a un lugar más seguro, parece ser que este descubrimiento es más importante de lo que nos habíamos imaginado. –Aseveró el Decano mientras se ponía su americana para disimular las manchas de sangre que tenía su camisa e impidiendo así que Diego viese por primera vez el preciado objeto.
- Muy bien yo tengo el lugar perfecto donde ocultarnos durante un tiempo. – Sugirió De la Rosa.
- No se hable más, señor Fortuny, espero que nos acompañe para prestarnos su ayuda pues sus conocimientos serian para nosotros un grandísimo apoyo para descubrir que hay detrás de este hallazgo, ya que parece ser que es muy importante, a juzgar por la rapidez con la que otras personas han reaccionado ante tal descubrimiento y por lo tanto parece que debo advertirles de que este camino puede ser bastante peligroso, no creo que la intención de los individuos por los que he sido agredido, fuera la de dejarme con vida, -puntualizó el Decano.
- ¿Y qué hacemos con la conferencia a la que debíamos acudir mañana, que nos inventamos para anularlo todo de un día para otro? – preguntó Diego.
- No se preocupe Rocío se encargará de todo. –dijo De la Rosa mientras metía la caja con el ben-ben en una maleta.
Los tres salieron del despacho que De la Rosa cerró con llave, el Decano andaba un poco aturdido e intentaba disimular ante los estudiantes que transitaban junto a él, al pasar por la habitación en la que se encontraba Rocío, De la Rosa entró para decirle que al día siguiente no podrían hacer la conferencia tal y como lo habían previsto que la pospusiera para otro día. –confío en que sabrás como hacerlo, ¿verdad Rocío? Le animó De la Rosa al tiempo que le hizo un guiño de complicidad.
Mientras se dirigían hacia el coche de Jesús, Diego no podía dejar de pensar que misterios escondía ese descubrimiento, para que el Decano hubiese sufrido tal ataque, no había nada más excitante para un arqueólogo que sentirse como el famoso Indiana Jones, un descubrimiento, un intento de robo, otro de asesinato, todo para hacerse con el hallazgo, el misterio de no saber a qué civilización pertenece, ni quienes van detrás del descubrimiento, ¿Cómo podía negarse a acompañar a aquellos dos personajes aún a sabiendas de que sus vidas a partir de ese preciso instante corriera un grave peligro? No podía negarse, decir que no, hubiese sido como si un biólogo no entendiese que su tiempo en la tierra también tendrá un final como todo en la vida.
- ¡Estemos atentos, no sea que nos sigan! Advirtió el Decano a tiempo que se ponían en marcha.
Cosa que hizo que los tres durante todo el trayecto hacia el pueblo de De la Rosa, que se encontraba a unos 50 kilómetros de la universidad, no parasen de mirar compulsivamente en todas direcciones, tras un largo periodo de silencio mientras intentaban digerir los acontecimientos y la rapidez con la que estaba sucediendo todo, De la Rosa que era experto en romper el hielo cuando las circunstancias lo requerían, destruyó el silencio.
- ¿Os sabéis el chiste del matrimonio que se va de vacaciones por España y se les estropea el Mercedes? Preguntó Jesús, a lo que los dos compañeros negaron, prestándole atención algo sorprendidos.
- Esto es un matrimonio que se acababan de comprar un Mercedes, ¡pero un señor Mercedes!, y se fueron de vacaciones a recorrer España y cuando ya llevaban unos cuantos días, llegando a un pueblecito de Asturias, un pueblo de esos en los que solo está la vieja de la fabada, su marido, el tonto y el solterón de turno, bien pues llegando al pueblecito se les para el Mercedes,
-¡Caguntó! Que le pasa al coche, dijo el conductor, -¡ya está! ya te has olvidado de echarle gasoil, tato consume como un mechero, consume como un mechero, le recriminó entre burlas la mujer.
-Pero que dices si aún le quedan dos “rallitas” dijo refiriéndose al indicador del nivel de gasoil.
Así que el hombre le da al botoncito que abre el capó, se baja del coche, empieza a mirarlo todo, pero allí no veía nada.
En eso, justo detrás de él le gritan.
-¿Qué “paha”, que “sastropeao”? “Cagon ros”
-Pues si mire, ¿no sabrá dónde puedo encontrar un taller mecánico? por aquí.
-“po” no, pero puedo llamar al Fermín, que ese he un figura, ese lo arregla “tó”
-oiga pues si mire, llámelo que lo mire, a ver si puede hacer algo, por lo menos para que pueda llegar a un concesionario oficial.
-no “paha” “na”.
Así que el tipo coge su bicicleta y se marcha, al cabo de dos horas aparecen los dos montados en la bicicleta, el tio de antes y el Fermín, se bajan y le dicen al del Mercedes.
-“pos ea” aquí lo tiene.
Coge el Fermín, se acerca al coche, se asoma al motor, le pega cuatro golpes con los nudillos, se va para un lado para otro, y le pregunta al del Mercedes.
-¿Tiene gasolina?
-si
-huum ¿y lo de la mecha?
- Pues hombre algo sí que he corrido, tenga en cuenta que este coche anda bastante.
Dijo el del Mercedes refiriéndose a la “mecha” por lo de ir rápido con el coche.
A lo que el Fermín le contesta.
-“pos” si tiene gasolina y mecha, ¡eso va a ser la piedra!
Al acabar los tres rompieron a reír durante un buen rato.
Jesús había conseguido lo que buscaba, romper el silencio y calmar los nervios, ya que los tres comenzaron a olvidarse en la medida de lo posible de los últimos acontecimientos, a partir de ese momento comenzaron a hablarse de tú, a tutearse.
- ¡Gracias, Jesús, lo necesitaba! Por lo menos yo, hacia mucho que no reía de esa manera y además mi cabeza no para de darle vueltas al asunto. –agradeció Diego.
- Nunca dejarás de sorprenderme con un chiste nuevo, ¿no entiendo cómo puedes tener tanta facilidad para quedarte con ellos? Yo mañana, ¡que digo mañana! dentro de un rato ya no me acordare de él. –dijo Luis Silgado, el Decano, alabando la capacidad de memorización de Jesús. Por cierto Diego ahora que hemos despertado de este letargo, te pondré un poco al corriente del hallazgo encontrado en Doñana, -el Decano se volvió hacia Diego y dijo. ¡Es un ben-ben!
Diego al oír las palabras de Luís se abalanzó sobre los asientos delanteros y puso su cabeza entre ellos, orientando todos sus sentidos en el Decano.
- Lo se me ha puesto al corriente, así por encima Jesús ¿Un ben-ben Egipcio? ¿En la península?, ¿una piedra piramidal que adoraban los egipcios se a encontrado en el sur de España?
- ¡Sí! Pero lo increíble de este ben-ben son sus símbolos, que pertenecen a civilizaciones muy distantes entre si, aun que no estemos muy seguros de una de ellas, y aquí es donde tú puedes ayudar, empecemos con la que estamos más seguros, que es la sumeria, ya que aparece el símbolo del circulo alado y el de la cruz sumeria, que no el circulo alado de los Egipcios, este es más sencillo, otra cultura que aparece es precolombina parece ser la Olmeca, en este caso no estamos tan seguros ya que los símbolos parecen demasiado simples, no sé, no tienen los trazos tan bien ejecutados como los que podemos encontrar en los templos Mayas, Incas o Aztecas, ¿pero no sabemos si alguna de esas culturas veneraba a algo parecido al ben-ben?, aunque construyeran edificios piramidales como el ben-ben.
En ese momento Diego cortó al Decano.
- Un momento, perdona, es que de repente me ha venido a la memoria que si puede haber otras civilizaciones que veneren algo parecido a un ben-ben, los indígenas americanos tenían la creencia de que se podían recibir instrucciones divinas a través de una piedra oradora, todos los pueblos antiguos americanos hablaban de piedras oraculares y creían en ellas, el Arca que los israelitas llevaron durante el Éxodo tenía en la parte superior el Dvir o lo que literalmente significa, «hablador», un instrumento o piedra que podían transportar sin dificultad, a través del cual Moisés podía escuchar las instrucciones del Señor, buf, no quiero ni pensarlo. –fantaseó Diego.
- Bueno pues si esto te fascina espera y oye lo que sigue. –le sugirió Jesús.
- Si, por qué los símbolos que quedan son todavía más sorprendentes, -prosiguió el Decano. Te los describiré para que tu mismo hagas o llegues a tus propias conclusiones. Bien, uno de ellos se compone de una serie de círculos rodeando una circunferencia, como si fuese un dibujo de un sistema solar en el que alrededor del sol orbitan cuatro planetas, aun que ninguno de estos cuatro círculos ejecuta la circunferencia entera, el otro símbolo se compone de tres círculos en cuyo interior tienen cada uno una cruz, que creemos que también son Atlantes y después alrededor de la pirámide y en la parte baja de cada una de las tres caras, hay escrito en símbolos un texto que no conseguimos traducir puesto que cada cara está escrita en diferente simbología, pero lo raro de todo esto es que en cada cara de la pirámide los símbolos y el escrito no coinciden entre si para con la civilización que corresponde, en otras palabras es como si estuviesen mezcladas, como si cada una tuviese su propia cultura pero cada una conociese la existencia de la otra. ¿Qué opinas, Diego?
Diego no podía creer lo que estaba oyendo esos últimos símbolos coincidían con los que se tiene la creencia de que son tartesios, pero, eso era increíble, significaba muchas cosas entre ellas que hubo un momento en la historia que esas tres civilizaciones estuvieron en contacto, pero también le generaban otras preguntas igualmente desconcertantes, ¿Cuándo pudo ocurrir eso? ¿Nos dará pistas sobre la ubicación y la extensión real de su imperio? Diego apenas pudo gesticular alguna palabra.
- ¡Es, es, es increíble! No, no puedo ni imaginarme lo que este descubrimiento podría aportar a los conocimientos que tenemos sobre nuestra historia, los cambios, las teorías que tiraría por tierra. ¡Con razón van tras él! –balbuceó Diego.
- ¿Entonces ya sabes cuál es la tercera civilización? –preguntó De la Rosa.
- Es que no me lo puedo creer ¡Tartessos! ¿Estáis seguros de que no pertenecen a cualquier otra civilización? ¿Qué os a veis pasado algo por alto? Es que cronológicamente eso sería muy difícil de sostener, difícilmente pudieron relacionarse los Sumerios y los Tartessos hay muchos años de diferencia, ¡cientos! -exclamó.
- Pues no. –Aseveró el Decano. No encontramos ninguna otra civilización, lo hemos cotejado con las culturas que vivieron en esa zona en la antigüedad como los Tartessos, algunas tribus y con aquellas que pudieran tener relación con estas, como por ejemplo, los fenicios, que tuvieron muy buena relación con los Tartessos, ¡así que eso parece ser! Además, los dos símbolos que aparecen coinciden con los descubiertos en una tablilla que se encontró en un yacimiento tartesio, y no hemos encontrado otra referencia mas “fiable” y he ahí la dificultad de descifrar la parte de símbolos que están escritos en ese idioma o lenguaje, ya que no coincide demasiado con las escrituras tartesias sobre las que tenemos referencia, lo que nos a hecho dudar de si realmente son de origen Tartesio o de una cultura anterior a ellos y de la cual no tenemos constancia, lo que nos hace empezar de cero y con solo unos cuantos símbolos, algo que hoy por hoy es totalmente imposible de descifrar por qué no tenemos una base solida sobre la que trabajar y comenzar a estudiarlos y comprenderlos, sea la cultura que sea no tenemos referencias sobre ella en absoluto. –se desesperaba Luis.
- Ciertamente es, como menos sorprendente. –expresó Diego.
- Pues eso no es lo mas sorprendente. –dijo el decano con una pequeña sonrisa. Lo sorprendente es, que cuando el ben-ben fue descubierto solo tenía los símbolos que están situados alrededor de la zona baja del ben-ben, los restantes, aparecieron de repente cuando el objeto se encontraba bajo llave.
- Esto es cada vez mas inquietante, ¿y cuando aparecieron? –Preguntó Diego.
- El día 21 de Septiembre, catorce días después de su descubrimiento. –contestó el Decano.
Mientras tanto Jesús seguía concentrado en la carretera y los retrovisores, observando las señales, o si alguien les estaba siguiendo, a lo lejos en el horizonte unas nubes amenazadoras recorrían el cielo de norte a sur, reflejando la travesía del rio Guadiana como si de un espejo se tratase con la diferencia de que el rio en tierra era de agua clara y en el cielo de vaporoso algodón azulado, el camino estaba salpicado de naranjos, pinos, encinas y jaras subían y bajaban por las sinuosas laderas, su olor penetraba en el interior del vehículo a través de las salidas de aire, llenando el habitáculo como si de un ambientador se tratase, al fondo se dibujaba ya la silueta de los dos molinos del pueblo llamados “el pie castillo”, fue tras unos instantes cuando llegaron al Almendro, su pueblo natal.
viernes, 2 de enero de 2009
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