En la redacción del periódico, Huelva Información, la periodista Lidia Mulero, todavía pensaba en el artículo que había publicado el día antes, acababa de recibir una llamada de un mariscador que había reconocido el artefacto del que los dos guardas del parque hablaban en el artículo, el mariscador le explicó a Lidia lo que había visto.
- Iba con un grupo de compañeros como muchas mañanas para salir a recoger coquinas, y lo encontramos varado en la arena unos minutos antes de toparnos con la patrulla.
- ¿Entonces corrobora así la versión de los dos vigilantes?
–Preguntó lidia-.
- No solo eso, una semana antes ya había sido visto, aun que esa vez estábamos demasiado lejos y fue por un instante, apenas lo distinguimos de entre la bruma que hacía ese día y cuando nos acercamos ya no estaba, así que no le dimos demasiada importancia. – Le explicaba el mariscador-.
- ¿Y no lo habéis vuelto a ver desde entonces?
- No, esa fue la última vez y no lo he vuelto a ver más.
- Si lo vuelve a ver, por favor llámeme.
- ¿Me pagará bien?
- No se preocupe, le recompensaré, pero hasta entonces no lo comente con nadie. ¿De acuerdo?
- ¡Sí!
Lidia se encargaba en el periódico de la sección de sucesos y con veintiocho años ya había escrito artículos de categoría y esta no hera la primera vez que una crónica suya acaparaba media portada, aun que se consideraba una buena periodista no podía dejar esa factoría de noticias provincial por otra de ámbito nacional, los problemas de salud de su madre le impedían marcharse a Barcelona o Madrid como a ella le hubiese gustado, en busca de una oportunidad en radio, prensa o televisión, su sueño era presentar un programa de noticias en la tele, pero desde que escribió ese artículo no dejaba de recibir llamadas de personas haciéndole preguntas sobre el descubrimiento, parecía que esa crónica hubiese abierto la mismísima caja de pandora, en pocas horas había dado explicaciones a entidades gubernamentales, universidades, revistas, radio y televisión.
Estaba absorta en sus pensamientos cuando en ese momento su jefe se puso frente a ella.
- Lidia, acabo de recibir una llamada de la guardia civil diciéndome que se han encontrado muertos a los dos “protagonistas” de tu historia y que les gustaría verte para hablar contigo. –le comento.
- ¿Qué? ¿También la policía? ¿Y como ha ocurrido? – pregunto sorprendida.
- Esta madrugada han sufrido un aparatoso accidente con el coche cuando iban de patrulla por el parque nacional de Doñana, y están investigando las causas, ¡así que venga sal corriendo para Doñana y aprovecha tu oportunidad! Parece ser que esta noticia es más importante de lo que en un principio podía parecer. –Su jefe le instó a que por fin cubriese una crónica de primera.
Lidia cogió su pequeña mochila que era como una oficina en miniatura, además de sus cosas personales también llevaba las herramientas típicas de una periodista, una grabadora, una cámara de fotos, un bloc de notas, diversos bolígrafos, su acreditación como periodista… colgó su mochila a la espalda y se dirigió corriendo hacia su historia, una historia que no podía ni siquiera imaginarse. –Gracias Sr. Ferrera. –Dijo ilusionada mientras salía por la puerta.
- De nada y suerte Lidia. –le respondió.
Cogió su Alfa Mito y se puso rumbo a Doñana, cuando llegó al aparcamiento del Parque Nacional este ya estaba repleto de gente, algunas personas estaban haciendo preguntas a un agente, a la entrada del aparcamiento se encontraba un control de policía que le pidió identificación para poder pasar al recinto, ella les enseño su acreditación de periodista con lo que el agente tras revisar el documento se lo devolvió y se apartó del coche haciéndole un gesto con el brazo para que continuase su marcha. –Gracias puede usted pasar, adelante. Cuando consiguió aparcar el coche se fue hasta donde se encontraba el jefe de policía, al que abordó con su grabadora.
- ¡Hola buenas tardes! Soy Lidia periodista del Huelva Información, me gustaría hacerle una preguntas.
- ¿La periodista que escribió el articulo con los dos fallecidos? -Le preguntó el agente.
En ese momento entre la aglomeración, alguien introdujo en la mochila de Lidia un bolígrafo. –Señor, el pájaro está anillado-. Dijo cogiéndose la solapa de la camisa. –Perfecto, salga de ahí-. Le contestaron por el nano-auricular que tenía en su oreja.
- Si, soy yo.
- Por favor me gustaría hablar con usted sobre ese tema.
- Por supuesto.
- Ha ver por favor – dijo apartando a dos personas que se encontraban entre él y la periodista-. Se han acabado ya las preguntas, -señaló dirigiéndose a las personas que se arremolinaban a su alrededor.- Cuando sepamos algo mas se lo comunicaremos ¡muchas gracias!
- Venga con migo señorita. -Y cogió suavemente a Lidia por el brazo para que le acompañara.
El policía la llevó hacia el edificio donde se encontraban las oficinas de información del parque para poder hablar con ella a solas, entraron en una pequeña oficina que había sido improvisada para el uso de la policia. El agente la hizo pasar con un gesto. –Por favor, pase y siéntese.- Una vez dentro los dos, cerró la puerta, se sentó frente a ella y se presentó.
- Bueno en primer lugar me presentaré, soy Antonio Casado capitán del cuerpo de policía, y me gustaría saber qué es lo que le comentaron los dos vigilantes sobre lo que vieron el día 21 de septiembre en la playa.
- ¿Cree que eso tiene algo que ver? ¿Qué han podido ser asesinados por culpa de mi artículo? –Preguntó.
- Relájese, y perdone, pero ahora las preguntas las hago yo, luego ya veremos. -Dijo el policía imponiéndose-. Solo quiero que me explique todo lo que ellos le dijeron y si hubo alguien más que lo viera o pudiese corroborar esa historia.
- De acuerdo pero nos llevará un rato.
- No se preocupe, tenemos todo el día. – El policía lanzó una risita.
Lidia comenzó a explicarle todo lo que ellos le habían dicho, la hora a la que se lo habían encontrado, el tiempo aproximado que estuvieron junto al artefacto, sus particularidades, el ruido previo a su desaparición, como se apagó todo, que ese mismo día se pusieron en contacto con su periódico para explicar su historia, en fin todos los detalles de los que ella tenía referencias, incluso le hablo de que no fueron los únicos en verlo.
- ¿Así que alguien más fue testigo de lo ocurrido?
- No del todo, los mariscadores no se encontraban ya en el lugar cuando desapareció, y por lo tanto no fueron testigos de su desaparición.
- ¿Y no sabe la identidad de esos mariscadores?
- No. –Lidia no le comento que hacía unas horas había recibido una llamada de uno de los mariscadores.
- Si sabe algo es mejor que nos lo diga ya que tanto ellos como usted podrían estar en peligro.
- ¿Qué? ¿Entonces cree que a sido un asesinato? ¿O que incluso pudieron haber escondido ellos el aparato?
- Creemos que los frenos del coche patrulla pueden haber sido manipulados, podría ser, que el artefacto que vieron fuese algún prototipo de arma o artilugio perdido, y que sus creadores no quieran que salga a la luz, y por lo tanto su artículo ¡en portada nada menos! Los a puesto en alerta, y no sabemos quiénes son, desde el ejército y el CEDEA nos dicen que ellos no tienen nada que ver, que ese artefacto no es suyo y que no tienen referencias de que ningún otro organismo Español o extranjero estuviese experimentando con ningún prototipo ni nada parecido, nos comentan que ni siquiera tienen constancia a través de sus radares o detectores de calor y movimiento de que ninguna clase de embarcación o aparato sumergible recorriese a esas horas las costas Onubenses, cosa que coincide con nuestros sistema de detección y rastreo de embarcaciones ilegales y con nuestras patrullas guardacostas, que tampoco nos alertaron de ningún movimiento fuera de lo común como pueden ser embarcaciones de pescadores, ¿Sabe que desde que ustedes lo publicaron la playa se llena de personas esperando que vuelva a aparecer? Y que hemos tenido que restringir el paso para poder proteger la fauna del parque, ya que venían aquí a pasar todo el día, comían, dormían, incluso utilizaban los matorrales de aseos, llenándolo todo de residuos, botellas, bolsas de basura etc. etc.
- Esta mañana ha llamado a la redacción del periódico una persona que decía ser uno de los mariscadores.
- ¿Y tiene usted su dirección o número de teléfono?
- No, quedamos en que me llamaría si volvía a ver algo parecido.
- No se fie, podría ser otra persona diferente a la que dice ser, si se vuelve a poner en contacto con usted, por favor comuníquemelo, ¿Lo hará, no?
- Por supuesto. –Lidia no comentó nada de que hubiesen visto una semana antes el mismo artefacto-.
- Por su bien y el de otras personas no publique lo que hemos estado hablando hoy aquí. Si lo hace la detendré, ¿ha quedado claro?
El corpulento policía parecía hablar muy en serio, así que Lidia entre tensa y disgustada prefirió no llevarle la contraria.
- ¿Y que le digo a mi jefe? Esta era mi oportunidad de tener una buena noticia que publicar.
- ¿Secreto de sumario? No sé, use la imaginación ¿O no es usted periodista? Cíñase al suceso en sí sin dar demasiados detalles. ¿De acuerdo?
- De acuerdo, pero por lo menos podría llevarme al sitio del suceso para hacer unas fotos para la publicación.
- Solo si usted se compromete a ponerme al corriente de todo aquello que pueda sernos de utilidad. – Dijo alargando su mano para estrechar el pacto con la periodista.
Lidia apretó la mano del capitán, y salieron de la oficina para dirigirse al lugar de los hechos, Antonio cogió su coche y se pusieron en marcha, después de algunas fotos y otras tantas preguntas el agente llevó a Lidia hasta su coche y se despidieron.
- Y recuerde no diga nada que comprometa la investigación.
- No se preocupe capitán.
Pero ya era demasiado tarde el aparatito que le habían puesto en el bolso a lidia estaba enviando toda esa información a uno cuantos kilómetros de distancia, la idea no podía ser mejor, un bolígrafo en la mochila de una periodista.
viernes, 2 de enero de 2009
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